Cooper y su gancho suben al cielo del boxeo

Todos los países con memoria recuerdan con cariño y admiración a los que pudieron ser y no fueron. Francia tiene a Raymond Poulidor, que nunca ganó el Tour. E Inglaterra tenía hasta la noche del domingo a sir Henry Cooper (3-5-1934), un boxeador que no consiguió ser campeón del mundo del peso pesado pero pasó a la historia por sentar a Muhammad Ali. Our Enry (“Nuestro Enry”, así lo llamaban en las Islas), falleció al sur de Londres poco antes de cumplir los 77 años.

El 18 de junio de 1963, todavía atendiendo por Cassius Clay y sin abrazar la fe musulmana, el que luego sería El Más Grande se plantó en la catedral de Wembley, el sancta sanctorum del deporte inglés, ante 55.000 espectadores y estuvo en un tris de perder. Ese día pudo cambiar la historia del boxeo… En el cuarto round, un gancho con la zurda de Henry Cooper, 29 años entonces por los 21 del púgil de Louisville, mandó contra las cuerdas a Ali justo cuando sonaba la campana. ¿Qué habría ocurrido si hubiera sido un poco antes y si Angelo Dundee no hubiese estado en la esquina de Ali? El preparador lo auxilió rápidamente en el taburete, le aplicó sales y le dijo al árbitro, Tommy Little, que se le había roto un guante. Con la confusión, alargó en seis segundos el descanso de Clay. Un suspiro vital que permitió al gigante salir en tromba y, en el quinto, destrozar el rostro de Cooper y obligar al árbitro a detener el combate.

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